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Respecto al Cuidado de los Hijos
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Aprendiendo de los Patos y los Gansos Respecto al Cuidado de los Hijos
por Carol T.

Siempre que empiezo a dudar respecto al camino que hemos escogido en la educación de nuestras hijas, Dios invariablemente reafirma que este es nuestro llamamiento. Recientemente nos mandó confirmación por medio de los patos y los gansos.

Cierta mañana de marzo, divisé una familia de patos nadando en el lago. Mientras el padre y la madre los seguían lentamente, los siete patitos se adelantaban precipitadamente, deslizándose con ligereza sobre el agua. Los pequeños se lanzaron sobre la ribera, mezclándose con los demás patos y los gansos.

Durante tres días disfruté las cómicas travesuras de los patitos que nadaban sin rumbo fijo. Sus tolerantes padres parecían no hacerles caso hasta que alguno se alejaba demasiado. Luego, con un fuerte graznido, el padre llamaba a los patitos.

El cuarto día relámpagos y truenos agitaron los árboles y sacudieron los muelles. Torrentes de lluvia azotaron el lago. La tormenta rugió toda la noche. Por la mañana nos despertó muy temprano el sonido de un pato graznando. Los dos patos adultos recorrían todo el lago buscando en vano a sus patitos. En una sola noche habían perdido a los siete.

Un mes más tarde un ganso canadiense condujo a su nueva familia al lugar de reunión, todos en una sola fila. El padre iba al frente, seguido por los siete gansitos y la madre atrás. De cuando en cuando se aproximaba una sombra bajo el agua cerca de los gansitos y el padre lo ahuyentaba con su pico. Mientras estuvieran cerca de sus padres los gansitos estaban a salvo de los muchos depredadores sobre el agua y dentro del agua.

Si bien los patos eran tolerantes con sus crías, los gansos eran absolutamente estrictos. Todo el que se acercara a los recién llegados para acompañar o a curiosear recibían un empujón y un graznido. El padre mantenía a su familia alejada de todos nosotros, incluyendo patos y otros gansos. Comer, nadar y anidar no eran eventos sociales para los gansos en esta etapa de su vida.

Bajo la cautelosa dirección de sus padres, los gansitos aprendieron a buscar alimento, evitar los peligros y distinguir al amigo del enemigo. Los gansitos perdieron su plumón y adquirieron el plumaje de color negro, gris y café oscuro de ganso adulto. Cuando ya era difícil distinguir entre la cría y sus padres, yo esperaba que se unieran a la parvada. Pero seguían manteniendo su distancia.

Cierta mañana, muy temprano, yo estaba sentada cerca de la ventana desayunando cuando vi que los gansos emprendieron el vuelo. Dirigiéndose hacia el noreste, la parvada gradualmente ganaba altura y se alejaba a la pálida luz del sol. El trabajo que habían realizado los padres alimentando, protegiendo y educando a su cría ya había terminado. Cuando los gansitos hubieron madurado suficientemente para tender sus alas y volar, los padres les permitieron juntarse con la parvada.

En su sabiduría, Dios me mostró los peligros de la tolerancia y la libertad concedidas demasiado tempranamente. Los patos les dieron independencia a los patitos, y les costó muy caro.

A través de los gansos Dios me mostró las recompensas de ser responsable de la instrucción, educación y cuidado de los hijos hasta que estén preparados para la libertad.

La independencia respecto a los padres llegará demasiado pronto para nuestras hijas. Por ahora, mediante el ambiente amoroso de la educación en el hogar, podemos proveer la educación y protección que necesitan para crecer y madurar hasta que ellas también estén listas para extender sus alas y volar.

Copyright July/August 1998

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Reprinted by permission