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Capítulo Cuatro
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Capítulo Cuatro: Guarda tu Corazón para Mí
por Michael Farris

Guarda tu Corazón para Mí

Una de las canciones populares de mediados de los sesentas fue "Guarda Tu Corazón para Mí." Por el título, uno esperaría un mensaje de pureza y fidelidad en el romance.  Irónicamente, el canto lo interpretaban Gary Lewis y los Playboys.  Y la letra transmitía el mensaje de que una persona participará en muchas aventuras románticas, pero se espera que el corazón sea "guardado" para ese único amor verdadero.

Hemos estado dándoles a los jóvenes muchos mensajes confusos por mucho tiempo acerca del amor, el romance, el sexo, y el matrimonio.  Los cristianos conservadores, por supuesto, han predicado un mensaje de abstención de las relaciones sexuales antes del matrimonio.  Pero luego permitimos, y hasta alentamos, que nuestros hijos mayores participen en relaciones románticas mucho antes de la etapa de la vida en que estarían preparados para el matrimonio.  Permítanme sugerir que estamos siendo totalmente injustos con nuestras hijas (e hijos, también) – aparte de no ser realistas en cuanto a la naturaleza humana y a la condición de nuestra cultura – si creemos que nuestros hijos pueden participar fácilmente en romances libres de sexo.

De entrada en este tema, nosotros los varones necesitamos superar esa idea de que este es un tema que nuestra esposa debe tratar sola con su hija.  Sin duda tu esposa jugará un papel especial, y quizás más confidencial que el tuyo, con tu hija en este tema.  "Wendy," una amiga, recientemente me dijo:

Una cosa de la que siempre deseé que mi papá me hablara era acerca de los muchachos, el noviazgo, y el sexo.  Nunca quiso hablar de ello.  Mi mamá lo hacía en grado mínimo, esperando que mi papá supliera lo que faltaba.  En consecuencia, aprendí con mis amigas – que no es la mejor manera, definitivamente.  No tuve hermanos, así que el tener un padre que no era muy comunicativo en muchas áreas fue difícil.

Papá, ¿por qué dejas que los extraños sean los maestros de tu hija en esta área tan crítica? Es tu responsabilidad.  Debes empezar cuando ella es pequeña.  Y necesitas seguir involucrado a largo plazo.

Piensa a futuro en la boda de tu hija.  Cuando ella se acerque al altar, sin duda quieres que sea físicamente pura.  (Y definitivamente esperarás lo mismo del joven con el que ella se va a casar.) Pero en realidad quieres más que eso.  Quieres que tu hija ame al que será su esposo con un corazón entero, no dividido.  Y desearás, también, que él la ame a ella de la misma manera.  Quieres que ambos puedan decir con absoluta integridad, "Te amaré con todo mi corazón."

La realidad hoy en día es que muchos novios y novias al casarse sólo pueden decir, si son sinceros, que se aman con los fragmentos y pedazos de su corazón que les quedan.  Generalmente se han enamorado y desenamorado muchas veces.  Y frecuentemente ha habido algún grado de intimidad física en estas relaciones pasadas.  Reconocemos fácilmente que la intimidad física seria en un pasado conduce a problemas que deberán ser enfrentados y superados en el matrimonio.  Lo que necesitamos aprender a reconocer es que la intimidad emocional seria en un pasado también tiene consecuencias a largo plazo que pueden ser en el matrimonio un bagaje entorpecedor.

Hace algunos años, asistí a la vigésimo-quinta reunión de mi generación de preparatoria.  Allí vi a una compañera de clase que había sido mi novia en el tercer grado de primaria.  Sí.  Tercer grado.  Yo tenía ocho años de edad.  Me di cuenta inmediatamente al volverla a ver que hubo un rasgueo emocional en las cuerdas de mi corazón que decía, "Yo una vez tuve una relación con ella." ¡Yo le había entregado un pedazo de mi corazón a ella cuando aún no se me habían caído los dientes de leche!

En esa misma reunión estaban varias otras "ex-novias." Y al examinar honestamente mi propio corazón, me di cuenta que había participado insensatamente en relaciones, preguntándome cuál de estas muchachas sería "la mía," años y años antes de poder legítimamente considerar el matrimonio.

Cuando yo estaba en la preparatoria, luchaba tratando de no excederme en cuanto a lo físico en las relaciones con muchachas.  Creía que todo estaría bien si yo respetaba ciertos lineamientos de pureza física.  Ahora entiendo que estaba pasando por alto algo más elemental.  Yo debía haber estado concentrándome en la pureza emocional.  La abstinencia física protege el cuerpo; la abstinencia emocional protege el corazón.

Ahora Vickie y yo vemos que hemos criado a nuestras hijas de una manera radicalmente diferente al resto del mundo – aun gran parte del mundo cristiano – en cuanto a noviazgo, romance, sexo, y matrimonio.  Desde sus días más tiernos, la cosa más importante que yo quería que mis hijas aprendieran era ésta: Las relaciones románticas se reservan para la etapa de la vida en que tanto tú como el joven están preparados para casarse.

Cristi, la mayor, recibió su primera invitación a salir con un muchacho cuando tenía trece años de edad.  El joven, de nuestra iglesia, tenía dieciséis.  Ella lo miró y le dijo, en esencia, "Yo no estoy lista para casarme.  ¿Por qué habría de salir contigo?" De sobra está decir que él se quedó apabullado.

Hoy Cristi tiene veinte, Jaymi tiene dieciocho, y Katy tiene quince.  Yo creo que tengo hijas hermosas.  Pero ninguna ha tenido novio, y no tienen quejas al respecto.  De hecho, si es posible, están mucho más comprometidas con nuestra filosofía de guardar sus corazones para el matrimonio que ni mi esposa y yo.

Cristi cursa su segundo año en la universidad.  Cuando se fue a estudiar (nos dijo después) seguía comprometida con nuestros principios, pero tenía verdaderas dudas en cuanto a cómo funcionaría en la práctica.  A mediados de su primer año, nos llamó una noche y nos agradeció profusamente que la hubiéramos criado con la enseñanza de guardar su corazón hasta el matrimonio.  Dijo que era la "temporada del Kleenex" en su dormitorio.  Cada noche, alguna chica estaba siendo abandonada por el muchacho del que se había enamorado a principios de año.  A Cristi y a sus amigas les tocaba proporcionar el Kleenex y algo de consuelo a la muchacha cuyo mundo acababa de desmoronarse.  Después de observar la angustia que el romance "fácil" había traído a estas chicas, Cristi estaba aun más satisfecha de que se le hubiera enseñado a practicar la abstinencia tanto emocional como física.

Sí, el mundo podrá objetar diciendo, "Pero el noviazgo es normal." Podrá ser usual, pero ¿cómo podemos decir, ante tanta turbación y afán emocional, que es normal? Piénsenlo, papás.

Yo te invito a comentar cuidadosamente esta área con tu esposa antes de tomar alguna decisión radical o de línea dura.  Ustedes necesitarán ser uno en corazón y mente.

Por otra parte, nuestras tres hijas han salido muchas, muchas veces con jóvenes en grupo.  Y al decir en grupo, no me refiero a una docena de jóvenes apareados de dos en dos.  Me refiero a un grupo de jóvenes y un grupo de señoritas que salen para una actividad social, sin ningún apareamiento absolutamente.

Uno de los jóvenes que forma parte de su círculo de amigos me dijo que le agrada muchísimo el alivio de estar en un grupo de personas jóvenes que no están bajo ninguna presión de formar parejas.  El quiere ser abogado, y le faltan como tres años para alcanzar esa meta.  El sabe que mientras no pueda proveer para una familia, realmente no está en condiciones de casarse.  Así que, mientras tanto, está muy contento de poder contar con la amistad de varias señoritas sin ninguna presión de tener que seleccionar a "la indicada."

Esta manera de hacer las cosas permite a nuestras hijas conocer a jóvenes y observarlos.  Están formándose opiniones con respecto a cualidades que les agradan y cualidades que les desagradan, sin que por ello tengan que pasar por las experiencias del rechazo, el quebranto y el sentirse usadas.  Tienen la oportunidad de observar las características que les ayudan a evaluar qué clase de esposo desean tener en unos años más.  Pero todo sucede en un contexto en el que se valoran y maximizan tanto la pureza emocional como la pureza física.

Nosotros le llamamos a esta manera de pensar "cortejo" en contraste con el noviazgo.  Y realmente no hay muchas reglas para el cortejo.  Nosotros les hemos enseñado a nuestras hijas básicamente sólo tres reglas:

1.  No participaré en una relación romántica hasta que tanto el joven como yo nos encontremos en la etapa de la vida en que estamos preparados para casarnos.

2.  Procuraré conocer más a un joven sólo si parece reunir las calificaciones espirituales y de carácter en las que mis padres y yo nos hemos puesto de acuerdo.

3.  Procuraré conocer más a un joven sólo si lo considero personalmente interesante y atractivo.

La mayoría de las personas usa solamente el criterio de "interesante y atractivo." Y yo quiero que mis hijas sepan que esto es algo perfectamente apropiado de considerar.  Algunas personas a quienes hemos oído enseñar sobre este tema han afirmado que la atracción física es señal de falta de espiritualidad.  Yo digo: Lean el Cantar de los Cantares.  Es fácil entender que Dios quiso que la atracción física y la pasión sexual fueran parte importante de una relación romántica.

También les hemos enseñado a nuestras hijas que un joven no está listo para el matrimonio hasta que esté preparado para proveer para una familia, mantener un hogar, y ser padre.  La Escritura enseña a los jóvenes, "Prepara tus labores fuera, y disponlas en tus campos, y después edificarás tu casa" (Proverbios 24:27).  Y, "Si alguno no provee para los suyos, y mayormente para los de su casa, ha negado la fe, y es peor que un incrédulo" (I Timoteo 5:8).

Una joven está lista para el matrimonio cuando está preparada para ser madre, cuidar de un hogar, y enseñar a sus hijos.  Para hacer estas cosas nos hemos asegurado de que a nuestras hijas se les enseñen habilidades en el cuidado de niños, habilidades domésticas, y habilidades académicas.  Queremos que nuestras hijas tengan la preparación de una carrera también, pero por una razón diferente a la que tienen muchas personas.  (Veremos más al respecto en el Capítulo 7.)

Empezamos a impartir a nuestras hijas esta perspectiva radicalmente diferente desde su temprana edad.  No bromeamos acerca de cosas de novios y novias.  Yo recuerdo cómo de niño otros bromeaban conmigo al respecto.  No sólo me resultaba incómodo y penoso, sino que me dejó una impresión de que era válido el que yo participara en el juego de los "corazoncitos."

Hace algunos años, llevé a mi hijo Michael a comprar zapatos cuando él tenía algunos 4 años de edad.  El vendedor le preguntó a Michael, "¿Y andas con alguna chica, muchacho?" Yo contesté, "Andas con tu mamá, ¿verdad?" Michael no tenía idea de qué hablábamos.

El mundo que nos rodea considera "simpático" el que un niño de 4 años tenga una "novia." Pero ya no admira tanto a la muchacha de 13 años que se embaraza.  Pero no nos engañemos.  La razón por la que la mayoría de las muchachas de 13 años llega a un embarazo es que han estado involucrándose en relaciones con muchachos durante muchos años.  Al paso del tiempo, la relación emocional conduce a algún grado de relación física, que a su vez termina por conducir a las relaciones sexuales.

El Dr. James Dobson, como también otros, ha ayudado a popularizar el concepto de los "anillos de pureza." Estos anillos simbolizan el compromiso de guardar la pureza física hasta llegar al matrimonio.  Nosotros apoyamos con entusiasmo esta idea.  Tanto a Cristi como a Jaymi les hemos dado buenos anillos de brillantes genuinos (de alrededor de $100 dólares) al cumplir sus dieciséis años.  Estos anillos simbolizan que ellas van a guardarse para sus esposos.

Pero en el caso nuestro es una re-dedicación a la pureza emocional al igual que a la física.  Hemos encontrado, junto con otros padres que han usado la misma estrategia, que funciona.

Escuchando al conferencista y maestro cristiano Josh McDowell, uno se da cuenta de que los adolescentes cristianos están participando en actividad sexual casi al mismo nivel que los inconversos.

¿Cómo es el caso "promedio" de una muchacha cristiana embarazada en su adolescencia? Puede haber sido alumna de una escuela cristiana o puede haber sido educada en el hogar.  Definitivamente asistió a una buena iglesia.  Tuvo unos magníficos padres.  ¿Qué fue lo que pasó?

En muchos, muchos casos, se le permitió practicar el noviazgo.  Alrededor de los trece o catorce años de edad empezó a salir con un muchacho que al tiempo llegó a ser el padre de su hija.

Sus padres le permitieron salir con muchachos bajo condiciones que ellos habían practicado en su juventud.  Ellos sabían que habría tentaciones, pero habían salido admirablemente bien y sin relaciones sexuales.  O aún si no salieron tan bien, de alguna manera esperaban que su hija sí lo hiciera.

La triste realidad es ésta: Nuestras hijas viven en un mundo distinto al mundo en que nosotros vivíamos.  Cuando nosotros éramos jóvenes, en la década de 1960, algunos sectores de la sociedad secular todavía apoyaban el concepto de la abstinencia sexual entre el joven y la señorita que salían juntos.  Ya no es así.  La televisión, el cine, la literatura, los cursos de educación sexual en las escuelas públicas, los mismos adolescentes – hasta algunos padres – dicen, "Es normal.  Sólo cuídate." Anteriormente, una muchacha podría haber sido un poco liberal, pero se habría sentido culpable al considerar la actividad sexual.  Pero en la cultura que hoy vivimos, ¿qué limitaciones quedan? Aun el temor de contraer SIDA pocas veces funciona como disuasivo.

A manera de contraste, Cristi está justamente en estos días en los pasos preliminares de la primera relación romántica de toda su vida.  Un joven que se aproxima al final de sus estudios de carrera profesional ha hecho su aparición.  Lo conozco muy bien y he pasado bastante tiempo con él.  Tiene carácter en lo espiritual, y verdadero potencial como esposo, padre y proveedor.  Mi esposa y yo lo invitamos a cenar fuera recientemente – con nuestras tres hijas mayores.  No ha habido absolutamente ninguna relación física entre Cristi y este joven – ni siquiera un solo beso.

La participación del padre en ayudar a investigar a un pretendiente en potencia es particularmente crítica.  El padre no debe elegir – esto le toca a la hija.  Pero su discernimiento y su consejo son críticos.  Nuestras hijas han sido instruidas lo suficiente como para saber que cualquier interés inicial de cualquier pretendiente me lo deben turnar a mí.  Y cuando han llegado a darse tales manifestaciones de interés, nuestras hijas generalmente me han dicho, "Ni se te ocurra decirle que sí.  Es un desgraciado."

El joven que está "aproximándose para el aterrizaje" en la vida de Cristi pasó hace algunos años dieciocho horas diarias conmigo, tres o cuatro días a la semana.  Fue chofer en mi campaña para vicegobernador del estado de Virginia.  Obviamente llegué a conocerlo bastante bien, aunque lo había conocido en la iglesia durante varios años antes de la campaña.

No todos los papás pueden pasar tanto tiempo con un joven.  Pero yo recomiendo que pases el mayor tiempo posible con un pretendiente potencial.  El verlo en una variedad de situaciones de la vida normal te ayudará a percibir cosas que te proveerán de una base mucho más creíble para aconsejar a tu hija.  El decirle a ella, "No sé qué será, pero tiene algo que no me gusta," generalmente no satisface a una señorita.  Si tienes necesidad de señalar defectos de carácter, es mejor tener ejemplos específicos y experiencias reales.  Esas impresiones instintivas frecuentemente son acertadas.  Pero a veces son equivocadas.  Tu hija te dará mayor crédito si has invertido el tiempo.

Vivimos en un mundo obsesionado por el sexo.  Nuestras hijas están plenamente conscientes de los hechos vitales y lo han estado desde hace muchos años.  La enseñanza sobre los detalles la dio su madre cuando ellas tenían alrededor de doce años.  Ellas comprenden implícitamente que Vickie y yo disfrutamos de la compañía física mutua.  Nos ven besarnos.  Nos ven abrazarnos.  Nunca les decimos que el sexo es malo.  Por nuestras vidas y por nuestras palabras simplemente les hemos comunicado que el sexo es fabuloso dentro del matrimonio.  En cualquier otro contexto es un abuso desastroso de un regalo de Dios.

Pero francamente, este mensaje ha sido asimilado mucho más eficazmente debido a que hemos mantenido unidas las partes física y emocional del amor y el romance.  La mujer quiere que lo emocional y lo sexual estén unidos.  El hombre está más dispuesto a separar las dos partes del amor.  Tu hija aceptará con gusto el concepto de mantener unidos el sexo y el amor dentro del matrimonio.

Enseña a tu hija a guardar su corazón para su esposo, y tendrás poca dificultad en convencerla de vivir una vida físicamente pura en medio de un mundo totalmente putrefacto.

 Porque en última instancia, ¿no fue nuestro Señor mismo quien nos enseñó que el corazón es la clave de la pureza sexual? El dio la instrucción.  Yo puedo dar testimonio de que realmente sí funciona en estos primeros días del siglo veintiuno.

Después de hacer tu propia evaluación de este tema, y llegar a los estándares que quisieras seguir con tu hija, considera un consejo adicional muy sensato que fue ilustrado por un buen amigo mío.

La hija de mi amigo tenía nueve años de edad cuando sucedió el siguiente incidente.  El y su esposa creen en prácticamente la misma filosofía del cortejo que acabo de describir.

Un día mi amigo David y su hija conversaban informalmente acerca de los niños del barrio – la mayoría de ellos varoncitos.  Mostrando David su interés en la conversación, su hija dijo que sus "sentimientos se desbordaban" por cierto muchacho unos tres años mayor que ella.  Dice David, "Yo podría haber tomado la oportunidad de sermonear sobre la necesidad del ‘yugo igual' (puesto que el muchacho no era creyente), la virtud moral, o podía haber introducido el concepto del cortejo.  Afortunadamente, no lo hice.  En lugar de eso, simplemente escuché y acepté que esos sentimientos son naturales y normales, depositados en nosotros por Dios.  Por medio de aceptar sus emociones, le he dado a mi hija la confianza y la libertad de revelármelas.

"Otro día, cuando los sentimientos no estaban tan ‘desbordantes,' hablamos de qué hacer con esos sentimientos – y también acerca del coqueteo, la excelencia moral, y el cortejo."

El padre sabio sabe cuándo enseñar ...  y cuándo simplemente escuchar el corazón de su hija.  El escuchar sin sermonear o "corregir" el punto de vista de ella te ganará su confianza.

¿Quieres criar una hija que llegue a ser una mujer de fuerza moral y excelencia? Entonces libérala de la presión de tener que encontrar "pareja" cuando aun es joven.

Katy hablaba la otra noche por teléfono con un joven que estaba emocionalmente angustiado por su "enamoramiento" de ella.  Ella le explicaba que no estaba lista para una relación con nadie en esta etapa de su vida, porque a los quince años de edad, le falta muchísimo para llegar a la época de la vida en que consideraría el matrimonio.  El no se sintió ofendido porque no fue rechazado como persona.  Y parecía dispuesto a cambiar sus propias ideas después de la conversación.

Una muchacha que está en libertad de decir que no a todos los muchachos cuando ella es demasiado joven, no se verá presionada a comprometerse moralmente por sus respuestas emocionales al "amor de jóvenes." La excelencia moral se edifica sobre el fundamento de la abstinencia emocional. 

Para Reflexión y Análisis

1.  ¿Tus relaciones románticas de joven le dejaron algún beneficio a la señorita que fue objeto de tus afectos? ¿Sinceramente?

2.  ¿Sufrirías tantas tentaciones hacia otras mujeres si le hubieras enseñado a tu corazón la disciplina de la abstinencia emocional en tu juventud? ¿Cómo le ayudaría esta disciplina a tu hija cuando ella sea adulta?

3.  ¿Qué clase de actividades puedes ayudar a tu hija a encontrar en las que conozca a jóvenes en grupo sin sentirse obligada a formar pareja con alguien?