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El Fútbol y la Filosofía
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El Fútbol y la Filosofía
por David Gamble

Al hojear diversos libros sobre el papel del padre cristiano, observé que todos recomendaban que el padre pasara una buena cantidad de tiempo enseñando al hijo cómo aventar un pase de espiral en fútbol. Y, realmente, no hay nada de malo en ello. Pero, ninguno de estos libros en ningún momento animaba a Papá a enseñar algo más que simplemente cómo aventar un espiral.

El deporte es maravilloso. El tiempo que un padre pasa con sus hijos aventando un balón de fútbol, pegándole a la pelota de beisbol, tirando una canasta de basquetbol, luchando, corriendo o cualquier otra actividad deportiva es algo que debe ser valorado. Nunca subestimes lo que esto puede significar para nuestros pequeños. Pero, por divertidas que sean estas cosas, seguramente algo anda mal si esto es lo único que los padres hacen junto con los hijos. ¿Por qué será que los libros que pretenden enseñarnos a ser padres maravillosos no nos enseñan también a hacer cosas importantes, estimulantes e intelectuales con nuestros hijos? ¿Por qué no intentan persuadirnos para que seamos maestros de nuestros hijos? El desarrollo físico de nuestros hijos es importante, pero su desarrollo intelectual es aun más importante. ¿Por qué no se nos anima a enseñarles filosofía al igual que futbol?

El Rey David fue un padre que enseñó a sus hijos las cosas importantes y perdurables. Debido a esto ellos pudieron lograr cosas importantes y perdurables. Hacia el final de su vida David dijo: "‘Oídme, hermanos míos, y pueblo mío. Yo tenía el propósito de edificar una casa en la cual reposara el arca del pacto de Jehová, y para el estrado de los pies de nuestro Dios; y había ya preparado todo para edificar. . . y [Dios] me ha dicho: "Salomón tu hijo, él edificará mi casa y mis atrios; porque a éste he escogido por hijo, y yo le seré a él por padre . . ." Y tú, Salomón, hijo mío, reconoce al Dios de tu padre, y sírvele con corazón perfecto y con ánimo voluntario; porque Jehová escudriña los corazones de todos, y entiende todo intento de los pensamientos. Si tú le buscares, lo hallarás; mas si lo dejares, él te desechará para siempre. Mira, pues, ahora, que Jehová te ha elegido para que edifiques casa para el santuario; esfuérzate, y hazla . . .' Y David dio a Salomón su hijo el plano [del Templo]. . . . Dijo además David a Salomón su hijo, ‘Anímate y esfuérzate, y manos a la obra; no temas, ni desmayes, porque Jehová Dios, mi Dios, estará contigo; él no te dejará ni te desamparará, hasta que acabes toda la obra para el servicio de la casa de Jehová'" (I Crónicas 28:2-20).

Aquí vemos las señas de un buen padre – encontró metas grandes y sublimes para sí mismo, y estableció una dinastía familiar que fue capaz de trabajar para, y edificar sobre estas metas aún después de que él partiera. Sin duda, David también tuvo ratos frívolos con Salomón, pero también lo preparó para logros extraordinarios, prosperidad significativa y éxito. Debemos notar cómo identifica David al Todopoderoso para Salomón – "El Dios de tu padre," y "Jehová Dios, mi Dios." David no se niega a identificar a Dios como su Dios; Salomón conocería a aquel que era el gran objeto de la devoción de su padre. David desafía a su hijo a servir al Señor con todo su corazón. David da a Salomón la esperanza de que él le sucedería en esta gran tarea que pone delante de él, porque Dios le bendice y le prospera para lograrlo.

David prepara a su hijo para edificar un maravilloso Templo para la adoración del Señor Dios; nosotros enseñamos a nuestros hijos a aventar un buen espiral. Hemos perdido mucho desde los días de David, ¿no?

Cuando David se puso a edificar el Templo para la adoración de Dios, juntó los materiales y después delegó la responsabilidad a Salomón. El hizo esta magnífica oración por su hijo: "Jehová, Dios de Abraham, de Isaac y de Israel nuestros padres, conserva perpetuamente esta voluntad del corazón de tu pueblo, y encamina su corazón a ti. Asimismo da a mi hijo Salomón corazón perfecto, para que guarde tus mandamientos, tus testimonios y tus estatutos, y para que haga todas las cosas, y te edifique la casa para la cual yo he hecho preparativos" (I Crónicas 29:18-19).

Cuando David hablaba de Dios a Salomón, le llamaba "El Dios de tu padre." Cuando David hablaba a Dios, le llama "Jehová, Dios de Abraham, de Isaac y de Israel nuestros padres." Estaba consciente de que formaba parte de una tradición, una herencia, un legado. Se presenta ante Dios como el beneficiario de las bendiciones de un linaje piadoso; exhorta a su hijo a permanecer en ese linaje. Y pedía que Dios diera a su hijo un corazón perfecto – ¿qué mejor oración puede hacer un padre por sus hijos pequeños? Oraba pidiendo la bendición de Dios sobre su hijo, y oraba que su hijo lograra una gran hazaña. David se dedicó a sí mismo y a su descendencia a la excelencia en el servicio del Señor. El hizo esta fuerte oración en la presencia de Salomón; por tanto, el joven sabía del afecto que su padre tenía por él.

"Y se sentó Salomón por rey en el trono de Jehová en lugar de David su padre, y fue prosperado; y le obedeció todo Israel. Y todos los príncipes y poderosos, y todos los hijos del rey David, prestaron homenaje al rey Salomón. Y Jehová engrandeció en extremo a Salomón a ojos de todo Israel, y le dio tal gloria en su reino, cual ningún rey la tuvo antes de él en Israel" (I Crónicas 29:23-25). Aquí está el resultado de la oración y la instrucción de un padre piadoso – un hijo piadoso que cumplió con éxito su llamado para la gloria de Dios.

El ejemplo de David nos llama a hacer cosas importantes con nuestros hijos, a enseñarles cosas perdurables. Aventar un balón en espiral es maravilloso; pensar los pensamientos de Dios es aún más maravilloso.

El Dr. Dave y Stephanie Gamble educan a sus tres hijos en el hogar. Este artículo es parte de su libro sobre el papel de los padres en la educación en el hogar. Dave publica un boletín que busca desarrollar una filosofía cristiana de la educación.

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The Teaching Home

October / November 1988