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Gracias por Educarme en el Hogar
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Gracias por Educarme en el Hogar
Una entrevista por Janice S.

Mi  nombre es Elizabeth Nelson; tengo 17 años de edad y este es mi cuarto año de preparatoria en el hogar.  Cuando terminé mi segundo año de preparatoria en la escuela pública, mi mamá decidió educar a los cinco hijos en el hogar.  Yo era rebelde aun antes que empezáramos con la educación en el hogar, y ciertamente no me gustaba la idea de perderme el aspecto social de la escuela pública.  No quería tener absolutamente nada que ver con la educación en el hogar, así que me fui a vivir con un pariente en Michigan.  Después de pasar todo el verano allí, supe que no iba a funcionar.  Así que empaqué mis maletas y regresé a Kalispell sabiendo (y horrorizada) que me esperaba la educación en el hogar.  Mis amigos y parientes presionaron a mi mamá diciendo que educar en el hogar era una “idea muy tonta,” pero ella no se rindió.

Alrededor del Día de Gracias de ese año, se abrieron mis ojos, y por primera vez las personas a quienes yo consideraba mis amigas antes de mi experiencia con la educación en el hogar realmente no tenían ningún interés por mí.  Yo les caía bien cuando hacía lo que hacían ellos y el resto del mundo.  Descubrí quiénes eran mis verdaderos amigos.

Ahora, después de dos años con la educación en el hogar, puedo ver en retrospectiva que soy una persona cambiada porque mi mamá estuvo dispuesta a educarme en el hogar.  He llegado a ser una persona verdadera sin que me influencien los efectos malos de las amigas.  Han cambiado mis ideas, y las cosas que hacía en la escuela pública ahora me parecen inmaduras y malas.  Me asombra mucho lo que hace la presión de grupo.

Mientras estaba en la escuela pública, me alejé de mi familia, y muchas veces mi mamá y yo teníamos discusiones.  Ahora nuestra familia está muy unida, y mi mamá y yo somos las mejores amigas.

El aburrimiento no es uno de los problemas con que tengo que tratar, como muchos creían.  Participo más en nuestra iglesia y trabajo a tiempo parcial.  La “socialización” que muchos dicen que falta a los que son educados en el hogar no ha afectado a esta familia para nada.  Siempre está pasando algo.

Me han aceptado para estudiar en el Instituto Bíblico de North Central donde voy a especializarme en el ministerio a los sordos.  Estoy muy contenta con el rumbo de mi vida y miro con entusiasmo hacia mi futuro sabiendo que Dios tiene un propósito y plena realización para mí.

Gracias, Mamá y Papá, por educarme en el hogar.  ¡Dios les bendiga!

 

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The Teaching Home

August / September 1989