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Capítulo Sexto
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Capítulo Sexto: Tacones, Medias . . . y Más
por Michael Farris

Tacones, Medias . . . y Más

El tema del atavío y maquillaje de adultos podrá no parecerte un asunto de gran importancia. Pero te aseguro que es un asunto tremendamente importante para tu hija. Y es un tema en el que tú como papá deberás involucrarte. No le dejes el “paquete” a tu esposa sola. Y tampoco seas tan terco o tiránico como para tomar estas decisiones por tu cuenta—sin consultar a tu esposa.

Alrededor de los once o doce años de edad, tu hija iniciará un proceso que la convertirá de niña en adulta. Ella pensará que es adulta mucho antes de que lo pienses tú. Pero las decisiones que ella tome en estos años de transición—incluyendo decisiones sobre ropa y maquillaje—jugarán un papel determinante en cuanto a qué clase de mujer será ella de adulta. Y es importante recordar que la ropa y el maquillaje frecuentemente pueden usarse para comunicar un mensaje. Lo exterior puede muchas veces ser un reflejo de lo interior. Esta es una lección que deberás ayudar a tu hija a entender ahora y durante toda su vida.

Una adolescente a quien se le inculca una perspectiva equilibrada de lo que es atractivo llegará a ser una mujer satisfecha de su propia apariencia sin volverse vanidosa y egocéntrica, por un lado, ni despectiva de sí misma o deprimida por su apariencia, por el otro. Una adolescente a quien se le enseña que la apariencia externa refleja la realidad interna no llegará a ser una mujer que da la impresión de estar en constante “remodelación.”

¿Cuál Es Mi Valor?

Aunque tú valoras a tu hija porque es tu hija, la autoestima de una adolescente en gran medida está ligada a su apariencia. Nunca olvidaré una conversación que tuve con la muchacha que fue reina de un evento de nuestra escuela preparatoria. Era, obviamente, una muchacha muy hermosa, pero me dijo que no estaba totalmente satisfecha con su apariencia, porque era “demasiado delgada.” En busca de aprobación llegó hasta una relación con un muchacho mayor que la dejó embarazada antes de graduarse.

La apariencia física es importante para tu hija. Y el maquillaje y los tacones y las medias y demás son parte importante y práctica de su apariencia. Pero al tratar con ella los asuntos prácticos del “atavío de adultos,” recuerda que estás tratando con un asunto que tendrá en ella una influencia de por vida en términos tanto de su auto-aceptación como de su conducta moral. Hay muchísimo simbolismo comprimido en un lápiz labial, pero puedo asegurarte que estos “pequeños” asuntos prácticos tienen un enorme significado para tu hija.

Si buscas un reglamento definitivo en cuanto a vestimenta, de seguro estarás consciente que la Biblia no dice a qué edad precisamente debe permitírsele a tu hija usar zapatos de tacón. Ni maquillaje. Ni aretes. Por tanto, donde la Biblia calla, no podemos pretender que exista una respuesta “unitalla” para todas las familias. Tu familia debe establecer sus propias normas para estos asuntos. Describiré el proceso por el que nosotros como familia llegamos a establecer esas normas. Pero tengan presente que las normas de nuestra familia no son sino un ejemplo aislado o meras sugerencias.

Identifiquemos primeramente los principales asuntos de los que debes estar consciente:

Zapatos de tacón

Medias

Maquillaje

Aretes y joyería

Trajes de Baño

Bastilla

Ahora veamos brevemente algunos principios.

 

1. Si tienes más de una hija, escoge una norma sabiamente y no la cambies con ligereza.

En nuestra casa hubo algunos disgustos mayores cuando mi esposa y yo empezamos a aflojar un poco nuestras normas con nuestra tercera hija, Katy. Tanto Christy como Jaymi estaban bastante molestas porque pensábamos permitir que Katy hiciera las cosas a una edad menor. Y si nos hubiéramos inclinado por el lado contrario, cambiando la norma hacia una edad mayor, sé que habríamos tenido que tratar con una Katy muy molesta.

Una regla que puede funcionar: ¿A qué edad le permitieron a tu esposa hacer cada una de estas cosas? Si la respuesta resultara ser una edad demasiado joven, podrías preguntarle a tu suegra cuándo le dieron permiso a ella de “vestir como adulta.” En términos generales, las normas sostenidas por la mayoría de las familias en la década de los 1950 y principios de los 1960, con la posible excepción de algunas familias muy liberales, eran bastante equilibradas y protegían adecuadamente a las jovencitas.

Al iniciar este nuevo siglo, creo que la mayoría de los papás cristianos estaría de acuerdo en que el mundo se ha salido de quicio en esta área. Basta observar cómo las jovencitas de secundaria y preparatoria se visten de manera que dan la impresión de ser mujeres de veintidós años.

Lo que trato de decir es esto: No permitas que sea el mundo el que determine tus normas. Trata el asunto con tu esposa. Establezcan su norma. No la abandonen. Sean constantes en aplicarla con cada una de sus hijas.

Tu objetivo es desarrollar en tu hija un hábito para toda la vida que asegure que su sentido interior de belleza y atractividad no sea determinado por quienes no comparten su sus normas morales. Ella debe saber que tú genuinamente consideras que ella es hermosa tal como Dios la hizo. Y que colaborarás con ella en establecer patrones que serán agradables para ella y que hablan bien de Aquel a quien ella pertenece.

 

2. No permitas que tu hija se vista de una manera que la hace verse de una edad mayor.

Si una chica de trece o catorce años está llamando la atención de muchachos de dieciocho, diecinueve o veinte, esta es una situación que ningún papá quiere para su hija. Si una muchacha con su manera de vestir representa una edad mayor que la que tiene, está buscándose problemas con hombres mayores.

En realidad, el maquillaje probablemente hace más que ningún otro elemento de arreglo personal por hacer parecer a una mujer mayor que su edad real. Las adolescentes deben usarlo con reserva para no ser confundidas con mujeres mucho mayores.

Recuerda que el propósito general del maquillaje es hacer que alguien se vea “atractiva.” Por definición, lo de “atractiva” implica atraer a alguien. Si eres como yo, tiendes a pensar que esas “presuntas personas” a quienes tu hija puede atraer son en realidad tipos asquerosos...que son tan repugnantes como tú y yo lo fuimos a esa edad. (Por otra parte, a estos jovencitos les toca demostrar lo contrario.)

Establece normas que alienten a tu hija a representar su propia edad. Está bien que se vea bonita, pero no que se vea de demasiada edad.

Una muchacha que representa demasiada edad cuando está en la adolescencia temprana puede experimentar muchas consecuencias que duren por toda la vida. Primero, puede acarrearse problemas físicos serios al atraer a hombres mayores y no convenientes. Y segundo, podría desarrollar hábitos que podrían darle una imagen libertina durante toda su vida. Podría verse impulsada a tratar de comportarse y verse como si tuviera veintiún años por el resto de su vida. Una vida de quebranto es el resultado inherente de un esfuerzo tan fútil.

 

3. Deja que tu hija escoja su propio estilo.

Me da pena confesarlo, pero tengo una hija que usa botas militares. O por lo menos eso me parecen a mí. A nuestra segunda hija le encantan los vestidos largos, ondulados, que tienen un tono muy dramático. Yo no los hubiera escogido inicialmente, pero en realidad sí le quedan muy bien a ella. A nuestra tercera hija le gustan como ropa informal los pantalones de pana relativamente holgados y camisas de cuadros que le quedan un poco grandes. Yo creo que ese estilo parece el de un leñador que necesita comer más seguido. Pero no hay nada de inmodesto en ninguno de esos estilos que ellas prefieren. Y ni con mucho son tan exagerados como el traje de poliéster anaranjado que yo usaba en la década de los 70. (Aunque no lo creas, llegué a presentarme en el juzgado con ese traje. Y—no miento—el juez llevaba ese día bajo su toga un traje de un color verde chillón.)

Recientemente he decidido que realmente no vale la pena entrar en conflictos por cuestiones que son meramente de gusto personal. No así las que tienen que ver con modestia o rebelión, como vestir totalmente de negro, con dibujos de calaveras y huesos.

Por ejemplo, ía mí en lo personal no me entusiasman las orejas perforadas. Pero el uso de aretes normales es cuestión de gusto personal. Y cuando nuestras hijas tengan la edad suficiente, podrán tomar sus propias decisiones en cuanto a gusto personal. Pero perforarse la nariz o la ceja está ídescartado en nuestra familia.

Cuando he hablado con mis hijas sobre estos asuntos, mi objetivo ha sido algo más que meramente transmitirles mi opinión acerca de las cejas perforadas. Quiero que ellas entiendan que cuando sean grandes y se hayan ido de la casa habrá algunos asuntos de gusto personal y algunos asuntos de carácter moral que se reflejarán en sus decisiones. Es mi ferviente deseo que de adultas ellas sepan distinguir estas diferencias y tomar decisiones sabias aun cuando el asunto específico en cuestión ya no sean los aretes.

 

4. La conversación amable tiene más efecto positivo que los insultos y los gritos.

Si te encuentras con la necesidad de hacer valer una decisión que a tu hija no le agrada—especialmente en relación con la vestimenta y la modestia—debes usar firmeza. Pero toma en cuenta que los comentarios sarcásticos en esta coyuntura serán particularmente dañinos. Nunca digas una tontería como, “Pareces un leñador que necesita comer más.” Ni algo que sería mucho más serio como, “Pareces prostituta.” Estos comentarios son destructivos, injustificados, y dejarán por los suelos tu relación con tu hija. En lugar de eso, usa la crítica constructiva y di algo como lo siguiente: “Creo que esa ropa no cumple con nuestras normas de modestia. ¿Por qué no usas mejor tu vestido de mezclilla? Siempre se te ve muy bien.“

Al igual que en las demás áreas de la vida, queremos aprovechar cada oportunidad para enseñar a nuestras hijas a buscar y aceptar el consejo sabio y la crítica constructiva y útil. No queremos producir mujeres tensas, iracundas, que resisten a la autoridad y sienten animadversión contra los hombres sólo porque nosotros fuimos padres toscos que no supimos entender su deseo natural de “probarse” nuevas etiquetas y encontrar un estilo que fuera de su gusto.

La meta es criar mujeres que buscarán nuestro consejo piadoso a lo largo de sus vidas porque se han forjado lazos de confianza perdurables. Tu interés y tu opinión acerca de su apariencia no sólo importan—son las herramientas más eficaces que tienes para iniciar una relación de discipulado con tu hija que durará toda la vida. Si ella confía en que estás a favor de ella, siempre regresará buscando tu opinión.

Algún día todas nuestras hijas vestirán de manera muy elegante y se parecerán a su hermosa madre. Y de hecho para ir a la iglesia y otros eventos semejantes, ya se visten bastante bien. (Bueno, casi siempre.) Pero cuando visten en formas que no van de acuerdo con mis gustos de adulto, supongo que simplemente están demostrando que aún son jovencitas y no adultas. Disfruta de sus años de formación mientras que ellas encuentran su propio estilo. Recuerda que llegará demasiado pronto el tiempo en que sean verdaderamente adultas y ya no estén contigo.

Para Reflexionar y Comentar

1. Tu manera de mirar a las mujeres cuando estás en un centro comercial – o en la playa – ¿le transmiten a tu hija mensajes equivocados en cuanto a lo que es realmente importante en su apariencia?

2. ¿Has tomado el tiempo de platicar con tu esposa y juntos establecer normas prácticas para tu hija antes del momento en que se necesita tomar una decisión, de manera que no estés creando normas “de última hora” úsin razonar?

3. ¿Transmites a tu hija una aceptación de su apariencia como algo dado por Dios? ¿Le transmites tu disposición de permitirle maximizar de manera apropiada su atractivo?