La Biblia Dice Acerca de la Enseñanza
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Lo Que la Biblia Dice Acerca de la Enseñanza de los Niños
por Richard Fugate

Lo Que la Biblia Dice Acerca de la Enseñanza de los Niños es un estudio diseñado para ayudar a los padres a entender mejor su papel como padres y a descubrir las mecánicas de criar a sus hijos con éxito.  Para lograr estos fines este libro define cuidadosamente la obligación, la autoridad, y la responsabilidad de los padres.

Este sistema está dividido en dos fases distintas: control y enseñanza.  La fase del control es el establecimiento de los derechos de los padres de gobernar sobre la voluntad del hijo.  Cuando los padres pueden controlar a sus hijos, entonces han puesto el fundamento necesario para el cumplimiento del mandamiento bíblico de que los hijos obedezcan a sus padres.  La fase de enseñanza solamente puede ser lograda por los padres que primeramente hayan entrenado a sus hijos a obedecer.  Para que un niño reciba las instrucciones de sus padres, primeramente tiene que respetar su palabra, y para que respete la palabra de sus padres, primeramente tiene que llegar a ser obediente.  Los hijos no aceptarán instrucción de personas a quienes no respetan.  El mandamiento bíblico de que los hijos honren a su padre y a su madre se cumple cuando los hijos respetan a sus padres lo suficiente como para aceptar su consejo y sus instrucciones de sabiduría.

Lo Que la Biblia Dice Acerca de la Enseñanza de los Niños es único porque el tema se trata solamente desde el punto de vista bíblico.  El autor acepta la Biblia como la verdad absoluta y como infinitamente superior a cualquier sistema humano de pensamiento.  No ha habido ningún intento de modificar la Palabra de Dios para que sea compatible con las filosofías humanas, la sicología, la sociología, los puntos de vista religiosos o la opinión pública.  La Palabra de Dios se acepta tal como es, sin adulteración humana.  La Biblia se acepta como información viva y poderosa la cual es tan relevante hoy como en el día en que fue revelada.

Dios tiene un plan y un propósito para cada hijo.  Cada hijo es una vida de Dios que es colocada en una familia específica como parte de ese plan.  Dios ha puesto a los hijos bajo el control de sus padres por aproximadamente un tercio de su vida.  Los padres son responsables de la enseñanza de sus hijos de acuerdo con las normas de Dios.  Son los padres a quienes Dios pedirá cuentas en cuanto a la instrucción de un hijo en la Palabra.

Dios ha establecido la institución de los padres como una de sus autoridades dirigentes en la tierra.  A ellos se les ha delegado tanto el derecho de gobernar a los hijos como todo el poder necesario para tener éxito en formar a los hijos de acuerdo con el plan de Dios.  Esta posición es la agencia directa a través de la cual los hijos han de recibir dirección durante  su niñez.  Es decir, es a través de esta posición que cada hijo ha de recibir protección, conducción, e instrucción.

Ni un padre ni una madre jamás deben permitir que se muestre falta de respeto a su posición.  Ellos tienen el derecho de gobernar porque Dios les dio ese derecho, no porque lo hayan ganado o merecido.

Existe hoy una actitud general de desconfianza y falta de respeto a todas las posiciones de autoridad.  Una mala comprensión de los principios de Dios en cuanto a la autoridad, aunada a malas experiencias con individuos autoritarios que verdaderamente han abusado de su poder, ha causado que muchos rechacen totalmente el concepto.

Debido a la autoridad de los padres otorgada por Dios, los padres tienen el derecho de poner su voluntad por encima de la de sus hijos y ordenarles que sigan su dirección.  También tienen el poder de administrar la justicia y castigar la desobediencia o premiar el cumplimiento de sus órdenes.

Honra a tu padre y a tu madre, que es el primer mandamiento con promesa; para que te vaya bien, y seas de larga vida sobre la tierra. - Efesios 6:2,3

Podemos ver el principio de verdad aplicada a un hijo que obedece y honra a sus padres.  Cuando se observa esta verdad, el resultado es bendición; cuando no se observa, el resultado es maldición.  Los padres que realmente aman a sus hijos desearán lo mejor para ellos.  Se encargarán de asegurar que su hijo les honre para que reciba la bendición prometida por Dios.

Los hijos tienen necesidad de una figura de autoridad.  Si los padres no proporcionan tal liderazgo, los hijos lo buscarán por otros lados.  En la ausencia de un liderazgo firme en el hogar, los hijos encontrarán a uno ajeno a la familia que les diga qué hacer.  Los hijos necesitan desesperadamente a alguien a quien puedan seguir y dar su lealtad.  Dios ha creado su alma de tal manera que responda a la autoridad de los padres.

Los padres no entrenan a su hijo por medio de decirle qué esperan de él.  Mientras el hijo realmente no llegue al punto de funcionar por su propia cuenta de acuerdo con que le ha sido enseñado, entonces no ha sido entrenado.

Si deseas que tu hijo llegue a ser obediente y dispuesto a aceptar como suyas propias las normas de Dios, entonces tendrás que utilizar el proceso que Dios ha diseñado para obtener estos resultados (explicado a fondo en el libro).  La crianza bíblica de los hijos produce un carácter de calidad muy diferente al que se habría desarrollado si se hubiera dejado al hijo crecer solo, de acuerdo con su propia naturaleza.  La Palabra de Dios ordena específicamente a los padres alterar la naturaleza de sus hijos.  Dios ordena a los padres dirigir o encaminar a sus hijos en cierta dirección.  No se le debe permitir seguir la senda por donde su naturaleza lo quiere llevar, sino fijársele una senda nueva.

¿Pueden los padres experimentar el gozo durante los años de adolescencia de sus hijos?  No solamente pueden, sino deben experimentarlo, pues es durante estos años  que se hacen evidentes los resultados de entrenar a los hijos, para bien o para mal.

La enseñanza de los hijos no es cuestión solamente de refrenar la naturaleza de un hijo.  Sin embargo, mientras no se controle la naturaleza no puede haber enseñanza positiva.  Los padres tienen que actuar como el control externo sobre un hijo mientras que desarrolla su propio control interno.  La función de los padres no es seguir como el control del hijo por el resto de su vida, sino ir dejando poco a poco ese papel lo más pronto posible.

Un hijo que ha sido enseñado a ser obediente a sus padres respetará su posición de autoridad y así estará preparado para aceptar sus instrucciones.  Entonces sus padres le pueden enseñar valores morales y buenos modales, así como cualquier instrucción académica de acuerdo con su madurez mental.  Los padres de hijos obedientes están en una posición para enseñarles.

Criar correctamente a un hijo es la máxima expresión de amor que un padre puede dar a su hijo.  Ninguna cantidad de beneficios materiales dada al hijo por los padres puede tomar el lugar de una genuina preocupación por enseñarle.  Si realmente amas a tu hijo, enséñale; tú y él recibirán las bendiciones prometidas por Dios.

Seleccionado con permiso de Lo Que la Biblia Dice Acerca de la Enseñanza de los Niños.
The TEACHING HOME
DEC/JAN 1989