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Tres Niveles de Motivación
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Tres Niveles de Motivación
por Terri S.

Toda motivación en nuestra educación en el hogar parece corresponder a una de tres categorías. El primer nivel es el más fácil de conseguir.

Nivel 1: "Quiero aprender esto."

La motivación "Yo quiero" hace que la enseñanza sea fácil. A nuestro hijo mayor le gusta la música y quiere tocar el piano. Sigue tocando aún después de que ha terminado su hora de ensayo. No necesita ninguna motivación adicional de parte de sus padres porque simplemente quiere aprender.
Otro hijo disfruta los experimentos científicos prácticos. A Daniel le encantan los tubos de ensayo, los químicos, el mechero de alcohol y los resultados siempre cambiantes que arrojan sus experimentos. Estos tiempos de aprendizaje son fáciles para los padres por el hecho de que el hijo desea aprender.

Este nivel de motivación se puede alcanzar aun en las materias que no son sus favoritas.

A ninguno de nuestros tres hijos les agradan las matemáticas. Sin embargo, cuando les pusimos ejercicios a nuestros hijos sobre las tablas de multiplicación, encontramos una manera de incorporar a los ejercicios el factor "yo quiero". Primero, tomamos el tiempo que hizo Papá en un ejercicio de 100 operaciones de multiplicación. A medida que los hijos se iban acercando al tiempo que hizo él, se iban sintiendo altamente motivados a superar el tiempo de Papá. (Sí, finalmente lo lograron.)

Hay muchas maneras más de motivar a nuestros hijos en este nivel. A cualquier niño le gusta ver sus propias poesías o artículos publicados. Hemos publicado un periódico familiar para mandar a los parientes. Estamos coleccionando sus poesías para hacer un libro. Se podría enviar un ejemplar autografiado a los amorosos abuelos. Nuestro grupo local de apoyo a educadores en el hogar publica poesías, artículos cortos y dibujos en su boletín mensual.

Muchas motivaciones diversas caen dentro de la categoría "Yo quiero". Aun cuando este nivel de motivación tiene su lugar, existen niveles más elevados que pueden llevar a nuestros hijos más lejos.


Nivel 2: "Necesito aprender esto."

La motivación de que "Algún día necesitaré saber esto" es más difícil de lograr. Algunos niños saben lo que quisieran hacer en el futuro, pero muchos no están seguros. Les parece que ciertas materias carecen de sentido práctico. Recientemente se quedaron con nosotros por un día dos de los hijos de unos amigos que educan en el hogar. El muchacho adolescente no sólo batallaba con álgebra, sino que tenías serias dudas de que valiera la pena estudiarlo. ¿Cómo podría alguien usarlo? Mi marido ingeniero le mostró cómo se usa el álgebra en el diseño de un motor de avión.

Nuestro amigo adolescente quedó impresionado, pero él quería ser médico, no ingeniero. Así que mi marido le mostró que los principios algebraicos también son necesarios para balancear una fórmula química.

Ese joven desarrolló un nuevo empeño por dominar álgebra. Sabía que lo necesitaría para llegar a ser médico.

Recientemente nuestro hijo mayor preguntó: "¿Por qué necesito estudiar esta ciencia?" Le expliqué que como es imposible saber con certeza qué es lo que Dios tiene planeado para su vida entera, es mi responsabilidad asegurarme de que esté preparado para lo que pudiera venir.

El nivel de motivación "necesito" ocupa un lugar muy importante. Sin embargo, para la familia cristiana existe un tercer nivel.


Nivel 3: "Dios quiere que yo aprenda esto."

En última instancia, la motivación para aprender se puede basar en la voluntad de Dios y no en nuestros propios deseos o necesidades. Pero sólo alcanzaremos el éxito enseñando a nuestros hijos a estudiar y aprender para la gloria de Dios cuando hayan recibido al Señor Jesucristo como su Salvador personal y tengan nueva vida en Él.

Gran parte de nuestra vida de adultos consiste en arduo trabajo. Si basamos nuestro estudio únicamente en lo que nos gusta o necesitamos, esto puede afectar otras áreas de nuestra vida. Cuánto mejor basar, no sólo nuestros estudios, sino nuestra vida entera sobre la voluntad de Dios para nosotros. "Entonces, ya sea que comáis, que bebáis, o que hagáis cualquiera otra cosa, hacedlo todo para la gloria de Dios" (I Corintios 10:31).

Estudiamos un idioma extranjero, no porque nos guste ni porque lo necesitemos, sino para compartir la Palabra de Dios con otros.

La ciencia nos declara la gloria de Dios y nos muestra la obra de sus manos. Por tanto, el estudio de la ciencia es una manera de glorificar a Dios.
¿Cómo podemos alcanzar este más noble nivel de motivación? No conocemos ninguna otra manera más que ser diligentes como padres en la oración, lectura de la Palabra de Dios y en la enseñanza de la búsqueda de la voluntad de Dios para sus vidas por medio de la oración y la lectura bíblica.
El deleite de tratar de motivar a nuestros hijos para que estudien para la gloria de Dios radica en que servimos a un Señor amoroso. Su voluntad para nuestras vidas incluye, finalmente, no sólo todo lo que necesitamos, sino también lo que nos agrada.

"Para que verifiquéis cuál es la voluntad de Dios: lo que es bueno, aceptable y perfecto" (Romanos 12:2b).

Copyright March/April 1996
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