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¿Debe Emplearse la Presión?
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¿Debe Emplearse la Presión en la Enseñanza?
por Richard Fugate

Por más que un padre trate de evitar los conflictos en el proceso educativo, tarde o temprano se presentarán..

La mayoría de los niños experimenta tanto períodos fáciles como períodos difíciles en el aprendizaje.  El niño como individuo responderá de diversas maneras a distintas materias en diferentes momentos de su vida.  Un niño parece disfrutar de avanzar aceleradamente en Matemáticas hasta llegar a una sección que no comprende y luego negarse obstinadamente a avanzar en esta sección difícil.  Otro niño puede aburrirse con problemas demasiado sencillos y ser lento en realizar operaciones rutinarias, pero disfrutar enormemente el reto de una carrera contra el reloj en esas mismas operaciones.  Será en estos puntos de renuencia, o de franca rebelión contra la tarea del aprendizaje, donde un padre se verá enfrentado a la decisión, “¿Debo aplicar presión en esta situación de aprendizaje, o no?”

La única manera de evitar el conflicto sería nunca exigir que tu hijo haga algo que no desea hacer. Si tu hijo no quiere hablar más lentamente y pronunciar las palabras correctamente, déjalo que “se las coma” por ahora, esperando que algún día de alguna manera desarrolle suficiente autodisciplina como para hacerlo por sí mismo.  O si tu hija se está resistiendo a aprender sus tablas de multiplicación, así déjalo por lo pronto. Quizás algún día cuando ella quiera esas tablas se volverán fáciles y divertidas de aprender. Al fin y al cabo, algunos expertos de la educación promueven una filosofía de aprendizaje no‑presionado.  Obviamente, la enseñanza sería mucho más fácil con este enfoque.  Si a un niño nunca se le exige que haga lo que no desea hacer, definitivamente se evitarían muchos conflictos.

Este enfoque en la educación funciona solamente con niños que están motivados internamente ( y aun con ellos, sólo en las áreas en las que tienen un interés personal) o con niños que tienen un fuerte deseo o necesidad de aprobación de sus padres. Evita el enfrentamiento tan necesario con las debilidades del niño: el orgullo, la pereza, la rebeldía.

La educación, al fin y al cabo, es trabajo, y no juego.  El tener que memorizar por obligación fórmulas, paradigmas, y discursos famosos, forma carácter y enseña la auto‑disciplina y la confianza en sí mismo.  Cuando los padres no esperan más de un hijo que lo que él quiere dar, se pierden esa formación de carácter. Recuerden, algunas de las lecciones más valiosas que la mayoría de nosotros aprendimos en la escuela y en la vida fueron aprendidas bajo presión.

Cuando mi esposa y yo sacamos a nuestros hijos de las escuelas públicas y privadas, les aplicamos pruebas a todos ellos.  Nos quedamos pasmados al descubrir que nuestra hija que terminaba primer año de secundaria, que estaba en el grupo avanzado en la escuela pública, no podía con las matemáticas ni la gramática de quinto grado y estaba muy deficiente en lectura. Los primeros meses en casa se pasaba la mitad de cada día en fonética y leyendo lecciones de historia y ciencias naturales del nivel de sexto grado, con un diccionario a la mano. En la escuela pública se le había dicho que se brincara las palabras que no pudiera leer.  Descubrimos que no podía pronunciar la mayoría de las palabras multisilábicas y desconocía los significados de muchas palabras comunes. Aproximadamente una hora cada noche nos leía de lo que había hecho durante el día. Tenía que pronunciar correctamente cada palabra, y conocer su significado. Esto significaba que durante el día consultaba en el diccionario prácticamente todas las palabras, debiendo pronunciarlas fonéticamente, y saber sus significados.  Hubo literalmente mucho lloro y crujir de dientes durante varios meses, pero amábamos a nuestra hija lo suficiente como para pagar el precio. Ella probaba con quejarse, lloriquear–todos los recursos menos la rebelión abierta–para lograr que desistiéramos y la dejáramos permanecer ignorante.  Con el tiempo sí llegó a ser competente en matemáticas, y llegó a ser una persona segura de sí misma.  Terminó la preparatoria a los 19 años, pero en su examen S.A.T. obtuvo niveles de primer año de estudios universitarios en todas las materias.

El ejemplo de la necesidad de nuestra hija de sobreponerse a su falta de conocimientos y a su mala actitud hacia el estudio es un ejemplo severo pero frecuentemente repetido cuando a los adolescentes se les saca de la escuela pública. Por lo mismo, compréndase que no todo aprendizaje ha de lograrse forzosamente bajo presión. Algunas partes del aprendizaje pueden ser agradables, ¡pero el agrado no ha de convertirse en el objetivo!  No es necesario preocuparse indebidamente por hacer que cada lección sea emocionante, divertida o siquiera interesante. La vida real no siempre es así, y sería un engaño preparar a un niño para la vida de adulto con esta perspectiva distorsionada.

Si estás experimentando una gran cantidad de conflicto con tu hijo, considera la posibilidad de que esté trabajando con material que está por encima de su capacidad actual. Hay pruebas que se pueden aplicar para determinar qué es lo que sabe tu hijo y cuál es el nivel de habilidades en el que él debe poder funcionar. No te preocupes por el grado escolar. Es una crueldad obligar a un niño a trabajar más allá de su capacidad y le causará frustración y sentimientos de ignorancia, fracaso, y falta de valor como persona.

Sin embargo, si el conflicto se debe a que esperas que tu hijo trabaje de acuerdo con sus capacidades, Dios te fortalezca en aplicar la presión necesaria para educarlo. Una vez que el niño renuente entiende que no aceptarás menos que diligencia en su trabajo escolar (y doméstico), habrá desarrollado la primera etapa de dominio propio y tu vida como padre será más fácil conforme él se vuelve más responsable y maduro. Y la educación en el hogar habrá sido el instrumento de esa formación.

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February / March 89