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Mamá Hizo Pudín

por Mike Richardson

A lo largo del último año he observado la transformación que está ocurriendo en Samuel. A los catorce años de edad es casi tan alto como yo. Esta mañana entró deambulando a mi oficina y de manera despreocupada se reclinó sobre un escritorio y alzó sus pies sobre mi escritorio. Daba la impresión de ser mayor de su edad real. Enseguida dijo: “Oye, ¿quieres ir afuera para que hagamos unos disparos con mi rifle de postas?”

Conforme se acercaba la fecha de nuestra conferencia anual, me daba cuenta que tenía más cosas por hacer en mi lista de pendientes que horas activas disponibles antes de la conferencia. Eso tenía un verdadero sentido de urgencia de manera que tuve que trabajar tarde muchas noches para poder terminar.

En el último día de la conferencia, me percaté que necesitaba tener la siguiente edición de la revista formateada para ser entregada al impresor el siguiente martes por la noche. Eso tenía un verdadero sentido de urgencia de manera que me puse a trabajar en la oficina tan pronto y regresé de llevar a nuestro conferencista al aeropuerto.

Más tarde, esa noche, después de haber preparado una cena maravillosa, Anna se asomó por la esquina y dijo: “Mamá hizo pudín. ¿Quieres que te lleve un poco a la oficina?”

Este sentido de urgencia aparece en todas las áreas de la vida. Si nuestra esposa descubriera una bolita en su pecho, eso ciertamente iría acompañado de un sentido de urgencia. Pero nuestro sentido de urgencia no se limita a asuntos de vida o muerte. Ni siquiera se limita por las fechas límites como la fecha de las conferencias o la fecha límite para entregar la revista.

Si el teléfono suena en la tienda, ¿qué va hacer el encargado? Va a dejar al cliente que está parado frente a él, listo para pagar con el dinero en la mano, para ir a contestar el teléfono y responder a la pregunta de alguien, ¡que tal vez nunca compre algo en esa tienda! Hay algunos eventos en la vida que parecen tener arraigado este sentido de urgencia.

Por causa de este sentido de urgencia tomamos muchas decisiones día tras día; algunas buenas y otras muy malas.

¿Acaso perdí la oportunidad de jugar con mi hija o caminar afuera con mi hijo? Claro que nos decimos, “Ya habrá tiempo para eso cuando las cosas se tranquilicen.

“Buen tiro, Samuel. No sabía que le podías pegar a un objeto tan pequeño.”

“Oye Papá, ¡sí, le pegaste pero no se cayó!”

Los días de nuestra vida parecen pasar lentamente pero piensa en los años. Esos si se van rápido, muy rápido. Como en una ocasión dijo John Ortberg: “La vida no tiene un botón para regresarla.”

La emoción de su voz se intensificó por toda la casa cuando Anna exclamó con gusto: "¡Papá va a bajar por el pudín!"

 

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Esta página fue actualizada el 04-10-2009

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