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Preguntas Oportunas
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Preguntas Oportunas
por Marilyn R. de Columbia, Maryland

Una pregunta común con sugerencias prácticas.

P: Este es nuestro segundo año de escuela en casa y me gusta mucho, excepto por un problema. ¡Trabajo desde el amanecer hasta la noche sin la menor oportunidad de sentarme!  Cuando no estoy enseñando a los dos mayores, estoy supliendo las necesidades de mis dos infantes.  Mi esposo me ayuda cuando puede, pero trabaja muchas horas, así que su ayuda no es tan frecuente.  A veces estoy cansada. ¿Cómo puedo descansar?   

S.R., Mt. Airy, Maryland

R: Tu problema es más común de lo que te das cuenta.   ¿No estarás tratando de mantener una norma que no es realista, posiblemente basada en cómo tu propia madre administraba la casa?  Lo más probable es que ella no educaba a sus hijos en casa.  Encuentra maneras en que puedas lograr un equilibrio.

A menudo pasamos por alto la manera en que hacemos las cosas porque es tan habitual.  Si has tenido la costumbre de hacer el aseo un día a la semana, entonces puedes tratar de acomodar ese trabajo durante ratos convenientes durante la semana.  Las tareas semanales (o más frecuentes) se pueden alargar hasta 10 ó 15 días.

Consigue la ayuda de tu familia.  Las amas de casa eficaces delegan las responsabilidades eficazmente.  Los hijos cooperan mejor cuando las tareas son pequeñas–tareas pequeñas, y no un solo día abrumador de trabajo.  Enséñales con paciencia a trabajar con alegría y nunca, nunca hagas las cosas cuando ellos mismos las pueden hacer.  Habrá momentos cuando tendrás que mostrar misericordia favorable (¡todos necesitamos eso!) y momentos especiales para mostrar el amor por medio de compartir sus cargas, pero estoy hablando de rutinas cotidianas (p. ej., recoger su desorden, mantener sus recámaras en orden, ayudar a lavar la ropa y preparar las comidas).  ¡No permitas que tus hijos se vayan de la casa algún día para establecer su propia casa sin saber cómo!

Enseña a los hijos mayores a ayudar a los menores con un espíritu de amor y paciencia.  Evita la actitud de “Es más fácil hacerlo yo misma.”  ¡A fin de cuentas es exactamente lo que terminarás haciendo!

No planees demasiado.  Cuando somos nuevos en enseñar en casa, a menudo nuestro entusiasmo nos lleva demasiado lejos tratando de llenar el año con demasiadas buenas ideas.  ¡Qué agotamiento!  Establece la costumbre de anotar algunas ideas para implementarlas más tarde, cuando no fluya tan fácilmente la creatividad.

Los niños funcionan mejor si no se les apura de una actividad a otra.  Si participas en un grupo de apoyo, escoge las actividades de las que más se puedan beneficiar tus hijos y las metas de estudio para el año.  Amablemente di “no” a los amigos que insisten en que participes en todo viaje de estudio que se ofrezca.  Se espera que tu grupo tenga una actitud madura para permitir a sus miembros la libertad de participar sin exclusión.

A una madre del mismo sentir le podrá agradar intercambiar hijos ocasionalmente.  Júntate con alguien que está de acuerdo con tus normas de familia e ideas de disciplina.  Mediante recibir a sus hijos un día a la semana y enviarle los tuyos a la siguiente semana, ustedes dos pueden gozar un día libre cada dos semanas.  Este principio se puede ajustar para que cumpla con sus necesidades individuales y circunstancias particulares.

Disfruta de un “Día Suave.”  De vez en cuando, programa un día con las siguientes reglas: 1) Los hijos con suficiente edad se encargan de sus propias actividades del día.  Pueden jugar, leer, pintar–lo que gusten, con tal que esté dentro de los límites normales de la familia (nada de lucha de almohadas, si está prohibida).  2) Tienen que recoger cualquier desorden que hagan.  3)  Cada hijo tiene que planear actividades de antemano, así evitando el pretexto de “No sé qué hacer.”  4) Pueden cambiar de parecer en cuanto a su actividad durante el día pero lo tienen que hacer sin involucrarte a ti en la decisión.  5) Planea comer sobras o emparedados ese día (incluyendo la cena).  6) No programes ningún quehacer mayor de aseo; solamente el mantenimiento cotidiano normal (p. ej., tender las camas).

¿Te preguntas qué harás todo el día si los hijos están ocupados y tú no estás limpiando o enseñando?  La respuesta es–¡relájate!  Lee un libro, emprende un pasatiempo, báñate por largo rato, haz un estudio bíblico–algo refrescante que rara vez puedes disfrutar.

Cierra tus ojos a los quehaceres que “tienes que” hacer.  Anótalos en tu agenda para otro día.  Al principio, esto podrá ser una disciplina difícil, debido a que las mamás rara vez disponen del tiempo para descansar y relajarse.  Pero, inténtalo.  Tu actitud reactivada valdrá la pena.

Fíjate en que dije programar este día.  La planeación anticipada aumenta las posibilidades de que sea un verdadero beneficio.  Las edades de tus hijos dictarán los detalles, pero acuérdate de que conforme tú das, tienes que recibir.

Con discreción explica tu necesidad a tu marido.  Oímos tantos comentarios entusiastas acerca de esposos que comparten totalmente las responsabilidades del aseo, la escuela y los niños, que es fácil empezar a comparar a nuestro marido con aquellos “Super Padres.”  La mayoría de los padres que dan escuela en casa son superiores al promedio, pero en realidad hay algunos que no pueden ser flexibles y aun otros que no están convencidos de su responsabilidad.  De jóvenes no ayudaban  en la casa, y les es difícil aprenderlo.

Dale a tu esposo el espacio para convertirse en un esposo y padre más cariñoso y sensible.  Cuando por fin pregunta si puede ayudar, no te hagas la mártir–¡permítele ayudar!  Elógialo cuando se ofrece y muérdete la lengua antes de criticarlo sobre cómo lo hizo.

Para los padres que están leyendo esto, por favor recuerden–su esposa agregó la enseñanza en casa a todo lo que ya estaba haciendo para la familia, ¡sin quitar nada!  Necesita su apoyo.

Con el equilibrio correcto entre dar y recibir, puedes evitar esa sensación de agobio.

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