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¿A Qué Edad Empezar?
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¿A Qué Edad Empezar?
por Michael y Debi Pearl

¿A qué edad debo empezar a disciplinar a mis hijos?

¿A qué edad debo empezar a educarlos en casa?

¿A qué edad debo empezar a enseñar a mis hijos a trabajar?

Tienes que empezar a educar a tus hijos un año antes de su primer cumpleaños, porque si no lo haces, serán educados sin tu participación.  Un árbol joven crece conforme a cómo lo doblas.  Pero si no lo doblas, de todos modos crecerá y tomará su propia forma, aunque no como lo quisieras.  Tomará su forma de acuerdo a los vientos que seguramente nunca soplan de la dirección más indicada.

Desde el primer día, cada momento consciente en la vida de un niño es un entrenamiento; cada evento, y cada ausencia de evento, es una enseñanza, preparándole para el resto de su vida.  Si los ojos de un niño ven, su lengua saborea, su nariz huele, sus manos sienten, o sus oídos oyen, entonces se lleva a cabo un entrenamiento.  Los padres no tienen que iniciar un programa, apartar tiempo ni enfrentar al niño de alguna manera especial para que se realice el entrenamiento.  El entrenamiento y la educación nunca terminan ni descansan.  Un niño se desarrolla con o sin tu aportación.  Si tú no dejas huella deliberadamente en cada etapa de su desarrollo, debes despertar a la realidad de  que otro lo está haciendo.

Un niño al que se le deja solo en la cuna o en un cuarto está siendo educado.  Todos los eventos iniciados por el niño que resultan en consecuencias, sean éstas buenas o malas, son educación.  Si un niño realiza una experiencia y encuentra que las consecuencias son placenteras, está siendo educado a repetirla.  Si las consecuencias son desagradables, entonces busca evitarla.  Si un infante se mete el dedo en su ojo, el dolor le desanimará a repetirlo, pero probablemente lo intentará con tu ojo.  Esto a menos que le hagas desagradables sus avances inoportunos.  La primera vez que un infante jala tu pelo, si le das unas nalgadas jamás volverá a jalar el pelo.  Una probada de un juguete de plástico le comunica que no es para comer.  Estas experiencias son físicas, y fáciles de entender, pero ¿qué pasa con el entrenamiento del alma?

Si un niño juega solo y se frustra con un juguete, se enoja; entonces su reacción, si se queda sin disciplina, le entrena a tratar su entorno con enojo.  Si un niño llora por soledad y se le recompensa con levantarlo, entonces le has enseñado a volver a llorar en cualquier momento en que quiera controlar a los adultos que le rodean.  Cuando a un niño se le dice que no y éste responde con un berrinche, si sus padres ceden en lo más mínimo a sus demandas, entonces le han enseñado a ser berrinchudo.  Se convertirá en un hábito de toda la vida, iniciado a los tres meses de edad.

Lo que no haces como padre tiene tanta influencia como lo que haces.  Si le permites a un niño hacer algo placentero varias veces, sin ninguna consecuencia negativa, entonces desarrollará una preferencia y un hábito.  Si le permites jugar con un juego de llaves viejas, le has enseñado a jugar con tus llaves.  Si le permites quitarte la comida de tu mano, le has entrenado a tener malos modales en la mesa.  Si le permites levantarse después de acostarlo a dormir, le has entrenado a ignorar tus órdenes y tomar sus propias decisiones en cuanto a dormir.  Dirás, “Pero no era mi propósito estarle enseñando.”  ¿Quién enseñó al gato a no quitarle la comida al perro?  Bien, así que tu gato le quita la comida al perro.  Entonces te pregunto, ¿quién le enseñó al gato que podía lograr quitarle la comida al perro?  Respuesta: El perro enseñó al gato por sus respuestas, o falta de respuestas.  Toda respuesta de parte de los padres es un entrenamiento.  Todos los “no hacer nada,” y “Ay, qué chulo,” y “Es un tigre,” y “Tiene un carácter tan fuerte,” son entrenamientos sin igual.

Vi a una madre disfrutando a su hijo de seis meses, sentada en frente de él cantando, “No, No, No, No, No, No, No,” y señalando con su dedo al ritmo de la música.  Parecía un comercial de comida de gato en la televisión.  Esto empezó como una orden de dejar de hacer algo, pero degeneró en un sonsonete, así dando una nueva definición al significado de “No.”  Yo quería preguntarle, “¿Qué le dices entonces cuando realmente quieres decirle que ‘No’?”  Ella estaba enseñando al niño a entender que “No” significaba, “Vamos a divertirnos.”

Así que, la pregunta no es si un niño está siendo entrenado o no, ni tampoco a qué edad.  Sólo es cuestión de quién hace el entrenamiento y con qué fin.  Cualquier individuo y todo mundo es un entrenador, incluyendo a otros niños.  La tendencia es sobre la naturaleza caída de tu niño y le entrena en la degeneración.  Tienes que interrumpir esta corriente natural y doblar el alma del niño en contra de la fuerza del mundo, la carne, el diablo, Hollywood, los parientes, las niñeras, los amiguitos, los trabajadores del cunero, y los libros de la sicología–esto es, si él ha de crecer distinto a los otros árboles del bosque.

Los primeros seis meses en la vida de un niño son un tiempo mucho más formativo de lo que la mayoría de los padres alcanzan a comprender.  Los primeros tres años moldean la personalidad y atestiguan el establecimiento de la visión del mundo del niño.  Se les puede enseñar a los niños después de los tres años, pero mucho de ello es habilitar al niño a funcionar a pesar de las malas influencias recibidas en sus primeros años.

Tomado de No Greater Joy, Vol. 6, # 2, March/April 2000