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La Última Palabra - Agosto 1998
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La Última Palabra - Agosto 1998
Por Mike Richardson

Hace aproximadamente un año decidí que el uso de folletos sería una buena manera de compartir el evangelio con la gente con quienes teníamos contacto. Desde entonces mi familia y yo hemos entregado más de 10,000 folletos. ¡Michael solo ha repartido más de 5,000!

Un día yo estaba en la Alameda repartiendo folletos. Entregué uno a un par de muchachos de unos doce años. Pocos minutos más tarde se acercaron y me preguntaron para qué eran los folletos. Les dije que si los leían se enterarían de un regalo especial que Dios tenía para ellos. Con esa respuesta se alejaron corriendo.

Pocos minutos después regresaron. "Pero, ¡no sabemos leer!" Me senté en la banqueta y se lo leí. Luego les pregunté si quisieran orar. ¡Lo hicieron!

Pocos días más tarde fui al taller mecánico para recoger mi camioneta. Samuel (de tres años de edad) fue conmigo. Cuando llegamos aún no había terminado el mecánico, así que tuvimos que esperar unos treinta minutos. Samuel estaba sentado en la camioneta hojeando algunos de nuestros folletos y yo estaba esperando afuera de la camioneta. Había tres muchachos ayudando en el taller.

Pocos minutos más tarde observé que los muchachos estaban sentados en una banca leyendo un folleto. Cuando miré a Samuel, me dijo: "Les regalé un folleto a esos muchachos."

Al día siguiente, cuando le estaba contando a Pam lo que había sucedido, Samuel dijo: "Sólo les regalé un folleto porque ellos no conocen a Dios."

He oído decir muchas veces que nuestros hijos aprenden mucho más por lo que hacemos que por lo que decimos. Nuestros esfuerzos por instruir a nuestros hijos no deben limitarse a lo académico. Debemos enseñarles también la importancia de compartir la Palabra de Dios con las personas con quienes tengan contacto.

En Cristo,

Mike y Pam